lunes, 31 de agosto de 2020

¡QUE CHU NOS PASA!

Antropólogos, sociólogos, y psicólogos sociales nos explican que, como peruanos, somos una especie de adolescente respondón, de esos a los que les encanta dar la contra y no acatar las normas impuestas. Mientras que el estado peruano viene funcionando como un padre renegón y mandón, que todo el tiempo se la pasa tratando de que sus hijos malcriados le hagan caso. Y a punta de operativos y sanciones, el estado trata de tomar control sobre la sociedad peruana. Pero sobran los que no acatan y encima se salen con la suya.

Y es que, desde antaño, la palomillada, en nuestro Perú de pesadillas, es algo que se ha celebrado. Las audacias del Pepé el vivo, el que se jacta de saltarse las normas y de que todo le vaya bien. Y lejos de que tales conductas sean recriminadas, rechazadas y sancionadas; mucha gente termina dándoles la razón, a esta gente descarriada, que termina haciéndole un gran daño a la sociedad.

 


Finalmente, justos pagan por pecadores, y que importa que sea una minoría, los irresponsables a los que se le da la gana de irse en juerga y, no respetan ni cuarentena, ni protocolos de seguridad, ni nada de nada. Y si les llamas la atención, seguramente te responderán; “Tu que te metes, a ti que te importa, es mi vida, yo sabré lo que hago, de algo me tendré que morir”.

A estas alturas, las restricciones parecen sobrar, y la ley que se impone parece ser el “SALVESE QUIEN PUEDA”.

Pero el estado peruano no renuncia a su rol paternal e insiste en mantener ciertas restricciones; en parte por el miedo a que la cosa se ponga peor; y se entenderá, que pase lo que pase, finalmente al presidente le echaran el pato y sobrarán los que salgan a “pedir su cabeza”, aun cuando estamos a puertas de nuevas elecciones presidenciales, con mayor razón aún, a la politiquería le encantan este tipo de enfrentamientos, el caballito de batalla de oportunistas de moda, que pretenderán presentarse como los nuevos salvadores del Perú.

LA PENDEJADA MATA

Una vez más, la pendejada nos pasa factura y se cobra la vida de 13 personas. Y por pendejada quiero referirme a esa consigna perucha tan conocida, de saltarse las normas, de creer que cumplir la ley es cosa de cojudos.

Lo más probable que haya ocurrido en la discoteca de Los Olivos, es que, al verse acorralados por la intervención policial, algunos prontuariados que habrían asistido a esta fiesta clandestina, creyeron que, armando tumulto, tendrían opción para escapar del lugar. Y esa embestida humana, es causal de las
muertes que hoy el Perú entero lamenta.

Pero lo peor de todo es que el pendejo nunca aprende. Inmediatamente después de los hechos, a ese pendejo perucho, rápidamente se le ocurrió echar toda la culpa a la policía, montando el cuentaso de que se habían lanzado bombas lacrimógenas, disparos de balas; cuando en realidad, no hay el mínimo indicio o prueba alguna, de que eso haya ocurrido.


Hasta cuando peruanos, seguiremos abrasando la torpe ideología de “Pepe El Vivo”. Hasta cuando seguiremos creyendo que pagar una coima es la forma más eficiente para lograr nuestros propósitos. Hasta cuando seguiremos engañados por la torpeza de creer que echar la basura en la calle, que pasarse el semáforo en rojo, que cutrear, que mentir, que hacerse “el mosca”; son formas dignas de vivir; cuando en realidad, todo eso se acumula como
montonales de basura que luego terminan cayendo sobre nosotros mismos y convierten a nuestro país en lo que es en realidad, un lugar inseguro y con una pobre perspectiva de desarrollo humano.

EL LIBRE MERCADO ESTÁ DESTRUYENDO AL PAÍS

Perú bate el record mundial en perjuicios causado por el coronavirus, con una cantidad de muertos que superan los 60 mil y, la economía nacional en crisis, la misma que no tardará de hacer sentir sus estragos, más de lo que actualmente venimos padeciendo.

Gran parte de est
e desastre lo debemos a este gobierno, incapaz de poner límites a las ambiciones ilimitadas de las grandes empresas, acostumbradas a tomar el país, como si se tratara de su propia chacra. Lejos de hacer algo frente a los abusos de los bancos, empresas de servicios, farmacéuticas y más; el actual gobierno solo se limita a recordarnos que en el Perú rige la econo

mía de mercado.

Y es que desde 1993, nuestro país ha sido entregado por completo al interés de las corporaciones multinacionales y el sistema financiero global, disponiendo de mano de obra barata y sin derechos, exoneraciones tributarias al por mayor, remate maratónico de las empresas estatales, todas las facilidades legales para explotar y depredar nuestros recursos naturales y llevárselos casi regalados. Y es eso lo que se ha entendido y aplicado en el Perú, como economía de LIBRE MERCADO, todo a favor del poder económico. Y frente a las resistencias de las poblaciones afectadas; la respuesta del estado ha sido siempre la misma, brutalidad policial y encarcelamiento.

En medio de ese clima de abusos permanentes de parte de las grandes empresas, es que llega el coronavirus a nuestro Perú, encontrando un sistema de salud en condición de desastre y extremas brechas entre ricos y pobres. 75% de la PEA en pequeñas y microempresas, gran parte en condición de informalidad.

Todo esto en conjunto han constituido un marco ideal para la propagación del coronavirus, peor aún, para la alta letalidad de la pandemia, superando de lejos a países que no han aplicado, las medidas restrictivas extremas y tan prolongadas, como ha sucedido en Perú. 

 

La necesidad de ganarse el día a día, obliga a los menos pudientes a salir de sus casas, a riesgo de contagiarse. Esto, por un lado, por el otro, la cruda realidad de quien enferma, al no encontrar atención en los hospitales, por hallarse colapsados por la cantidad de pacientes internados. Escases y sobreencarecimiento de oxígeno y medicamentos; llevan al extremo esta cruda realidad que terminan convirtiendo al coronavirus en el Perú, en una enfermedad mucho más letal que en el resto del mundo.

A estas alturas, ese respeto religioso, fanático, de Vizcarra a la libre usura, ejercida por los bancos, representa una soga al cuello para miles y miles de pequeños empresarios, asfixiados por sus deudas y la baja estrepitosa de sus ingresos. Las mineras siguen en los suyo que es llevarse las riquezas y dejar migajas. Las empresas de servicios, no dejan de ver al usuario en eso que disponen para exprimir dinero. De las farmacias y clínicas, ni que decir. Y es que el gran capital abusa mientras se lo permitan y, Vizcarra ha demostrado serles su mejor aliado.

3 décadas de neoliberalismo, y esto es lo que hemos encontrado en el Perú, salud, educación y desarrollo humano por los suelos. Mientras que todos estos años, los economistas no ha hecho otra cosa que exhibir las hermosas cifras macroeconómicas, de lo que han llamado EL MILAGRO PERUANO, de un país con crecimiento económico permanente. ¿Pero a dónde se fue toda esa riqueza?
Por supuesto, a manos de esos que se jactan de poner y sacar presidentes y estrechar lazos con los más sucio del poder, mientras destinan ese dinero a paraísos fiscales.

3 décadas de capitalismo salvaje y pase lo que pase, los ricos no van a perder, porque ellos tienen el poder y disponen del país como si se tratara de su propia chacra. Los estragos los vamos a terminar padeciendo, millones de peruanos, que vivimos del día a día, sobre quienes va a terminar recayendo el mayor peso de la crisis.

¡QUE CHU NOS PASA!